El lenguaje clásico de la arquitectura renacentista

Interior de San Lorenzo, Bunelleschi, 1420
La arquitectura del Renacimiento supone una ruptura radical con la llevada a cabo en el estilo gótico. A comienzos del siglo XV, surge una nueva mentalidad en Italia, entorno a una sociedad urbana y comercial. La filosofía humanista determina una nueva manera de concebir el arte, centrado en el hombre como medida y perspectiva de todas las cosas. Al antropocentrismo se une la vuelta a la cultura grecorromana. En arquitectura supone la recuperación del lenguaje clásico. Las nuevas reglas se basan en las aportaciones del libro De Architectura de Vitruvio, arquitecto romano del siglo I a. de C.

San Andrés de Mantua, L. B. Alberti, 1472

De esta manera se emplearán los órdenes romanos: Toscano, Dórico, Jónico, Corintio, y Compuesto, en columnas y pilastras, dando apoyo sobre todo al arco de medio punto. Por tanto, los sistemas arquitectónicos serán dos, el adintelado, con el arquitrabe, el friso y el frontón como remate de las fachadas y ventanas,  además de los techos planos decorados con casetones a la manera antigua, y el abovedado, principalmente a través de la bóveda de cañón,

San Pietro in Montorio, Bramante, 1502

Un elemento que se revaloriza especialmente es la cúpula. Empleada sobre todo para los edificios religiosos por su carácter simbólico, nos hace pensar en la infinitud del círculo, que no tiene principio ni fin. Expresa la perfección, la belleza ideal y la armonía universal. Simboliza la divinidad. Los edificios de planta centralizada, rematados con cúpulas, serán aquellos en los que los arquitectos relevantes, mostrarán mejor su talento.

Cúpula de San Pedro del Vaticano, Miguel Ángel, 1589

Un edificio del Renacimiento está elaborado matemáticamente. Se cuida la claridad y definición de los elementos, de los espacios construidos. La proporciones correctas y la simetría. De ello depende la unidad del conjunto, y por tanto la belleza y la racionalidad que se quiere transmitir.

Hospital de los Inocentes, Brunelleschi, 1419
Los arquitectos tratarán de diseñar la ciudad de la misma forma que los edificios con la finalidad de mejorar la vida urbana. La consecuencia será la construcción de ejemplos de diferentes tipologías, tanto religiosas, como civiles. A las iglesias se unirán, así, los hospitales, las bibliotecas, los palacios y las villas campestres.

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