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Clase en el Museo del Prado


Ayer viernes realizamos una visita al Museo del Prado. Hemos aprovechado que el grupo de Historia del Arte de 2º Bachillerato tiene pocos alumnos. No hay nada mejor para nuestra materia que poder contemplar las obras maestras de la pintura española e internacional del museo madrileño. El recorrido podría resultar muy extenso, pero lo concretamos, partiendo del Greco, con un trayecto por la pintura barroca española, desde Francisco Ribalta hasta Murillo, pasando por Ribera, Zurbarán, Alonso Cano, y sobre todo nuestro Diego Velázquez. Fue muy rápida la observación de la escuela madrileña del siglo XVII, los pintores de bodegones y de flores de la misma época. Antes de terminar con el estilo barroco, no nos olvidamos de las obras maestras de Rubens, un pintor muy vinculado a nuestro Siglo de Oro.




La última parte de la visita la centramos en Goya, toda su extensa obra que exhibe el museo, salvo los cartones para tapices. Nos pareció muy adecuado que sus cuadros de historia estuvieran junto a las pinturas del mismo tema del siglo XIX, seguidas de las famosas Pinturas Negras. Podríamos haber continuado la visita viendo las obras maestras de otras escuelas y estilos, pero ya el recorrido había sido extenso. De todas maneras, no nos fuimos sin contemplar las pinturas del Bosco, con su extraordinaria originalidad.
 

Las hilanderas o la fábula de Aracné de Velázquez

Las hilanderas, 1657, Diego Velázquez
Entre la pintura barroca española destaca por la originalidad del tema y la complejidad técnica, Las hilanderas o la fábula de Aracné, realizada por Diego Velázquez en la última década de su vida. Fue un encargo de don Pedro de Arce, funcionario de palacio, que pronto pasaría a las colecciones reales. Ante el espectador, se desarrolla una escena mitológica, encubierta por la escena del primer plano, que representa a unas hilanderas, que hizo pensar a lo largo de la historia, que mostraba un tema de género. La parte principal del cuadro, se encuentra en segundo plano, representando a la diosa Palas reprendiendo a Aracné, por haber osado a representar en su trabajo las flaquezas de los dioses. Dos mujeres, una de ellas con un laúd contemplan la escena, mientras otra mira hacia el espectador.


El tapiz del fondo representa, a su vez, el rapto de la ninfa Europa por Zeus en forma de toro, según un cuadro de Tiziano, pintado para Felipe II, y que fue copiado por Rubens en 1628-1629. Al día de hoy, no hay ninguna duda que el tema del cuadro, de por sí ambiguo, a la manera de Velázquez, representa un tema mitológico. Un tema, que por su forma de ser pintado, ha suscitado varias interpretaciones. La primera de ellas, en clave política contra la soberbia. La segunda, como defensa de la nobleza de la pintura, de las Bellas Artes, frente a la artesanía, a las artes manuales. Una riqueza interpretativa mostrada con la extraordinaria técnica del pintor sevillano, que le emparenta con otras obras del periodo como Las meninas o Mercurio y Argos.


Velázquez emplea de manera magistral la perspectiva aérea a través de los distintos planos de la pintura, caracterizados por diferentes luces. De esta forma, llega a representar el movimiento de la rueca, los rostros y los cuerpos de las hilanderas, que quedan captados con mayor o menor nitidez. Los personajes se distribuyen en una composición ortogonal, animados en varias actitudes. La pincelada es suelta y precisa ante los ojos y la distancia del espectador, a quien estos rasgos estilísticos y la ambigüedad del tema, le suponen una participación activa.

El rapto de Europa, 1628-1629, Rubens

La pintura de Caravaggio

La vocación de San Mateo, Iglesia de San Luis de los Franceses, Roma
La pintura barroca surgió en Roma casi con el nuevo siglo XVII. Desde su inicio presenta dos corrientes, una clasicista, cuyos mejores representantes fueron los integrantes de la familia Carracci, y la naturalista, más revolucionaria, a mi modo de ver, definida por la obra de Michelangelo Merisi da Caravaggio. Una pintura que entiende la temática religiosa desde una perspectiva cotidiana, practicando un realismo llevado al extremo. Los primeros mecenas que defendieron su estilo novedoso, integrantes de la Iglesia católica, comprendieron que su original tratamiento formal, era el mejor para enseñar los temas del Evangelio. De todas las maneras, los símbolos permanecen en su pintura.

Detalle

 La vocación de San Mateo, pertenece al conjunto de tres lienzos, dedicados al mismo santo, que fueron encargados por Mateo Contarelli, para su capilla en la Iglesia romana de San Luis de los Franceses, donde aún se conserva. Enfrente se dispuso, el martirio, y en medio, la inspiración. Fue el primer gran encargo eclesiástico del pintor, para un conjunto de obras de gran tamaño y de numerosas figuras. En él podemos analizar los rasgos de un estilo que supera los esquemas clásicos. Por un lado, en la escena, se encuentran las figuras de san Pedro y Cristo, en segundo plano, que alza el brazo con la mano señalando al grupo donde se encuentra san Mateo, junto a otros recaudadores de impuestos. El apóstol se da por aludido, para dejar su oficio y seguir a Jesús.

Detalle

La escena se capta en un instante al mismo nivel que el del espectador. En un segundo, punto de vista, más arriba, con una gran economía de medios, la escena se complementa con un espacio casi vacío donde hay una ventana. El santo, junto a sus acompañante en la oficina de cambios, visten según la moda de la época, mientras Cristo y san Pedro, al modo bíblico, con túnica y manto. Los rostros de los personajes están caracterizados de forma realista, acompañados de gestos y diversas posturas. La luz dirigida, que surge de la parte superior derecha, los ilumina con fuerte contraste. Una luz sobrenatural, que proporciona un claroscuro que se convertirá en uno de los rasgos más importantes de su estilo, de ahí la denominación  tenebrista dada a su escuela.

El naturalismo de la pintura barroca española

Vieja friendo huevos, Diego Velázquez, 1618

La pintura barroca se basa en una representación realista tangible. La revolución de Caravaggio consistió en incrementar el realismo de los objetos y en utilizar personajes de la calle, sin buscar la belleza ideal como en el Renacimiento, tanto para crear escenas religiosas como mitológicas. Además, se valió de los fuertes contrastes de luces y de sombras, el llamado tenebrismo. Los pintores españoles barrocos desde comienzos del siglo XVII incorporarán ambas características a sus obras. Sobre todo una percepción del natural lo más fiel a la realidad de las naturalezas muertas o los bodegones de objetos, animales y frutas. De la misma forma, el empleo de personajes comunes, tal cual son, para las historias religiosas o mitológicas.

El patizambo, José de Ribera, 1642

Los mejores ejemplos los encontramos en las pinturas de la etapa juvenil de Velázquez, como El aguador de Sevilla o Vieja friendo huevos. Una tendencia que perduró en su trayectoria en la representación de los bufones de la corte. En este sentido, también el pintor José de Ribera, destacó por el empleo de tipos humanos de la calle y de personajes deformes en sus cuadros, como El patizambo o La mujer barbuda. Este naturalismo pervivirá a lo largo del siglo. Lo observamos en las obras de Murillo que representan a los niños mendigos, como en las de Juan Carreño de Miranda, representando a buzones o a personajes como La mostrua desnuda, concebido como prodigio de la naturaleza.

Joven mendigo, Bartolomé Esteban Murillo, 1650

Historia del Arte en el Museo del Prado


El pasado 18 de febrero un grupo de alumnos de la materia de Historia del Arte visitaron el Museo del Prado. Descubrieron aquellas obras maestras correspondientes a los contenidos que estamos tratando en clase, principalmente la pintura barroca española. Hicimos una parada especial en las salas dedicadas a Diego Velázquez. También nos acercamos a la obra de El Greco y El Bosco, así como la copia de la Gioconda de Leonardo da Vinci. Aprovechamos al máximo el tiempo disponible para nuestro grupo, sobre todo por coincidir con el bicentenario de la pinacoteca madrileña, una institución fundamental de la cultura española.

Visita al Museo del Prado


Un grupo de alumnos de 3º de ESO, visitaron hoy el Museo del Prado. Fue un recorrido por las salas de pintura barroca española, especialmente las dedicadas a Diego Velázquez. De esta manera damos por terminado el proyecto de aprendizaje llevado a cabo durante el segundo trimestre, que tiene al pintor sevillano como centro de interés y de indagación de la historia y el arte del siglo XVII.

Una mujer pintora del barroco

Autorretrato como alegoría de la Pintura

Con motivo del 8 de marzo dia de la mujer en el que se ha reivindicado la igualdad y se ha mostrado el rechazo contra la violencia de género, y coincidiendo con los contenidos que hemos tratado en la asignatura de Historia del arte, cabe recordar la escasa presencia de mujeres entre los artístas hasta el siglo XX. Una excepción, y ejemplo, fue Artemisia Gentileschi, que desarrolló una afamada carrera en Italia durante el siglo XVII. Hija del también pintor Orazio Gentileschi, con el que se formó en el taller, su extraordinario talento para el arte casi fue malogrado por la violación sufrida en su juventud. A pesar de ello pudo lograr un puesto entre los pintores de su época con los que compitió para conseguir encargos que le diesen los sufientes ingresos para subsistir. También logró rehacer su vida personal al contraer matrimonio con un modesto pintor florentino, Pietro Antonio Stiattesi, y  tener varias hijos.

Judith decapitando a Holofernes, 1614-1620

Nacida y formada en la ciudad de Roma, va a recibir como muchos pintores de su tiempo la influencia de Caravaggio en el empleo del claroscuro y en el tratamiento naturalista de los temas, mediante un extraordinario dibujo y un brillante color. Desarrolló su carrera en las ciudades de Florencia, Venecia, y sobre todo Nápoles donde moriría hacia 1654. Fue llamada para trabajar junto a su padre en la corte londinense del rey Carlos I, uno de los mayores coleccionista de pintura de su tiempo. La temática religiosa predomina en sus pinturas, sobre todo aquellas que tienen como centro a mujeres heroicas, lo que permiten una interpretación en clave feminista de su obra, en relación, por una parte, con el suceso violento que padeció de joven, y por otra, con las dificultades que tuvo que superar para alcanzar el reconocimiento en una época donde los pintores eran todos varones.

María Magdalena como Melancolía, 1621-1626

El proyecto Diego Velázquez



 Un año más, vamos a estudiar la Historia del siglo XVII a través del proyecto, DIEGO VELÁZQUEZ. La obra del afamado pintor español nos va a servir de hilo conductor para entender y saber más sobre la política, la sociedad, el arte y la cultura de este periodo. Sus pinturas fueron creadas desde edades tempranas y se extendieron en el tiempo hasta poco antes de su muerte en la sexta década del siglo. Fue testigo de la evolución política de España en una posición privilegiada en la corte como pintor de Felipe IV, lo que le permitió, además, viajar a Italia y conocer a los grandes maestros de la pintura y del momento,  a los mejores representantes del estilo barroco. Arte e Historia, por tanto se unen en este proyecto que los alumnos abordarán de manera colaborativa.

La fragua de Vulcano, 1630, Museo del Prado

Introduciremos este curso una estrategia flipped learning como complemento al desarrollo del proyecto. Los alumnos deberán ver en Edpuzzle una series de vídeos con preguntas a modo de introducción al desarrollo de los contenidos a tratar en el mismo. Serán de utilidad para abordar el proceso de creación de los informes y la posterior presentación oral, lo que es lo mismo, el aprendizaje de la unidad.

Storify de Diego Velázquez

Una de las actividades del proyecto ha sido tuitear la vida y la obra del pintor, que se ha concretado en esta secuencia. El empleo de esta herramienta permite recoger en un sólo producto la difusión del proyecto en las redes sociales.

Pintura y sociedad en Velázquez

La vieja friendo huevos, 1618
En la asignatura de Historia de 3º de ESO teníamos el reto de estudiar el siglo XVII en España y en Europa. Me decidí por la vida y la obra del pintor, DIEGO VELÁZQUEZ (1599-1660) como hilo conductor para entender y descubrir aquella. De esta manera, estamos realizando un proyecto así titulado que comprende los distintos aspectos de esa centuria. Los cuadros del artista sevillano, a lo largo de su trayectoria son el mejor estímulo para hacer coherente el proceso de aprendizaje. Tuvo en vida una fama y prestigio excepcional, porque además de ser nombrado muy joven Pintor de Cámara, llegó a ser Aposentador de Palacio, amigo del rey Felipe IV, que le nombró en 1658 miembro de la Orden de Santiago, privilegio de la más alta nobleza.
Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, 1636
La vida de Velázquez estuvo unida a la del propio rey, que es la máxima autoridad política, social y económica del momento. Por tanto, a su talento excepcional, se unió unas posibilidades de aprendizaje y de relación social muy diferentes a los demás artistas de su época. Así, se formaría en el taller de su suegro Francisco Pacheco, para llegar a la corte madrileña en 1623, apoyado por el mismo valido del rey, el Conde-Duque de Olivares. Vino avalado por su calidad como retratista que desarrollaría especialmente en este periodo hasta el final de su obra. Retrataría a la familia real al completo en primer lugar; a los servidores más próximos, y hasta a el mismo Papa Inocencio X.

La rendición de Breda, 1635
A diferencia de sus contemporáneos, no pintó tanta pintura religiosa al estar al servicio del rey, pero si de carácter mitológico, que el le daba un aspecto de pintura de género, que practicó en su juventud, pintura de historia y paisaje. Se formó en Sevilla donde recibió la influencia del Tenebrismo y el Naturalismo de Caravaggio. Luego en Madrid, al tener acceso a las colecciones reales. Subrayar que Felipe IV fue uno de los más importantes coleccionistas de pintura en su época al que sirvió en esta faceta. Los dos viajes a Italia, para comprar obras de arte, (1629-1631 y 1649-1651) le permitieron, además de recorrer distintas ciudades y vivir en Roma, conocer la pintura de su tiempo, especialmente la veneciana.

La fragua de Vulcano,  1630

Su estilo evolucionó, por tanto, a lo largo de su vida, se fue enriqueciendo con el estudio y el contacto con otros importantes artistas de su tiempo como Rubens, que estuvo en Madrid en 1628. Un estilo portentoso que como se ha dicho convierte a la pintura en un arte exclusivamente viual, mediante el empleo de la luz y el color, de la llamada perspectiva aérea, la que capta la atmósfera entre el espectador y los objetos, que tienen diferentes iluminaciones, que disuelven sus contornos o los precisan más. El artista desarrollará una pincelada suelta y formalmente abocetada que le permite representar mejor el ambiente, buscando la impresión visual.
Las hilanderas, 1655-1660
Velázquez es el mejor pintor para estudiar una época. Estuvo en lo más alto de la pirámide social. Convivió con el monarca, cuando estos eran absolutos, y sus servidores más próximos, los validos, los auténticos poseedores del poder, la nobleza, y el personal de compañía y entretenimiento, que nos informan de la desigualdad de la estructura estamental. A todos los representó según su rango y función social, con una extraordinaria profundidad psicológica. A partir de todo ello, nos podemos hacer una idea de la importancia de la religión, el honor asociado al nacimiento, la formación intelectual dentro de la cultura del Barroco.

El Joven Ribera

Demócrito. 1615-1616
El Museo del Prado celebra una interesante exposición titulada, EL JOVEN RIBERA, entre el 5 de abril y el 31 de julio, donde podemos observar cuál era el estilo del pintor en su juventud, durante su estancia en Roma y en los primeros años de vivir en Nápoles. Las obras que podemos contemplar son de reciente atribución porque la mayoría carecen de firma.
Coincide esta exposición con el estudio por parte de los alumnos/as de 2º de ESO de la pintura barroca europea y española, entre la que destaca este genio de la misma, el pintor valenciano, asentado en Nápoles, José de Ribera. Desde muy joven, llama la atención el dominio preciso de la técnica pictórica, de la luz, la composición y el color bajo la enseñanza de Caravaggio.
La aportación singular del maestro valenciano se centra en la captación del natural con un extraordinario realismo y precisión en el detalle anatómico que combina la belleza de la juventud y la decrepitud de la vejez, los oropeles de la riqueza y los harapos de la pobreza. Esta última sirve para caracterizar a los personajes religiosos y a los filósofos de la antigüedad que representa. Tras la visita a la exposición, también se descubre el éxito del pintor entre la clientela italiana y española asentada allí, incluso desde su estancia en la ciudad de Roma, atractivo que todavía posee para cualquiera que disfrute con la pintura.